Por Agustín Seijas
Para la revista CONCEPTO F

El diccionario Pequeño Larousse Ilustrado guarda una definición simpática e interesante de la palabra “museo” que dice así: “lugar dedicado a las Musas”. Siguiendo este pensamiento, bien podríamos afirmar que, paradójicamente, cuando estas divinidades inspiradoras salen del museo para hacer la calle, el arte se enriquece sin la necesidad de prostituirse.

Desde hace varios años, la Ciudad de Buenos Aires se ha convertido en cuna y vidriera de cientos de artistas callejeros que embellecen viejas y derruidas paredes con grandes murales que llevan sus firmas. Son muchos los que vienen a la ciudad en busca de un territorio franco y propicio para exteriorizar sus ideas, y poner en evidencia que la capital de Argentina se está convirtiendo paulatinamente en una galería de arte abierta al público en general (nunca mejor dicho). Actualmente, existe un circuito comercial destinado al street art (denominación que toma a nivel mundial este tipo de arte callejero), un tour por las obras de mayor impacto para aquellos turistas que visitan nuestras calles, y galerías que abren sus puertas para no quedarse fuera de esta movida cultural.

Mientras los muralistas argentinos son invitados por curadores de todo el mundo para participar de diversas muestras colectivas, hablamos con algunos de ellos para conocer cómo trabajan, en qué se inspiran y cuál es la idiosincrasia del arte local.

Gualicho

Pablo Harymbat tiene 34 años y comenzó haciendo telas a los 18. Cuando era chico armaba obras de teatro en cajas de zapatos para beneplácito de las visitas familiares. En el colegio descubrió que sus compañeros estaban dispuestos a desembolsar un peso por cada dibujo que él les hacía en sus carpetas. Mientras estudiaba Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires, empezó interesándose por los grafitis y luego experimentó con el stencil, las serigrafías y los marcadores. En 2004, descubrió el látex y el rodillo.

¿Cómo se expresa el street art?

Street art es hacer arte en la calle, así de simple. Arte urbano que se produce en un soporte público, como por ejemplo: un puente, una fábrica, un portón o un edificio. Una tela es otra cosa, se cuelga en la pared, es más íntima, tiene otro propósito y otra función.

Dentro del arte urbano hay muchas expresiones diferentes, el grafiti es una de ellas. Hay una diferencia entre hacer grafiti y muralismo. En realidad el grafiti es un mural de por sí, pero un mural no necesariamente es un grafiti, porque no siempre está en un soporte público. Podríamos hablar de un neografiti o postgrafiti, solo para diferenciarlo del grafiti old school que surgió en Nueva York a fines de la década del setenta. Por ejemplo, Keith Haring, un referente de los años ochenta, salía del metro y hacía una pieza con marcador en solo dos minutos, y eso también era grafiti. Igualmente yo creo que son etiquetas, no me interesa catalogarme como artista del grafiti solamente, porque tampoco sería cierto. Yo hago muchas cosas: escultura, dibujo, grafiti, telas, gráfica y cerámicas.

¿Qué técnica utilizás en tus obras?

Cuando estoy frente a una pared vacía, comienzo por definir el plano de color, luego marco la línea por encima. Si dibujo figuras grandes, primero las boceto con un pincel atado a un palo, lo que me da otra distancia de la pared. Suelo usas escaleras, tachos de basura o cualquier otro elemento que encuentre en el lugar y que me sirva para alcanzar más altura. Mi obra “de galería” la hago con acrílico sobre tela y bastidor. Para los dibujos también uso acrílico y tinta china.

¿Cómo se vende un mural callejero?

Muy fácil: vos me decís dónde querés pintar y yo te digo cuánto sale… hay cosas muy antiguas que nunca cambian. Todos los días recibo mails de gente que quiere un mural en su casa, oficina, negocio, etc. Por suerte el mercado se mueve bastante. La impronta que dejo cuando pinto un muro es fuerte, se siente mucho y la gente después queda muy satisfecha. Por lo general, las personas están muy necesitadas de espíritu. La vida en las ciudades se está volviendo algo muy chato y sin sentido. Todos necesitamos religarnos con esa energía superior, recordar. Y ahí es donde entra el arte verdadero, ayudándonos a religarnos con eso. Es algo que se siente y que no se puede explicar con palabras.

¿Cuál es tu obra más famosa en Buenos Aires?

Sin lugar a dudas la casa que se encuentra en la esquina de Zapiola y Jorge Newbery. Es un hit, resulta impresionante la cantidad de gente que habla de esa casa. Salió en programas de televisión, en medios nacionales e internacionales.

 

Un artista inspirado

Me inspira reflejar la expansión y evolución del Universo y la conciencia. La pulsión de la vida. Crear algo arquetípico, mítico, que nos conecte con esa fuerza creadora, conciencia, Dios o como se llame. Todas las imágenes que hago son simbólicas y están relacionadas con esa idea. Lo que hago tiene mucho que ver con la psicodelia y con todo lo que surgió en San Francisco y en Japón a fines de los años sesentas: Jim Woodring, Rick Griffin, la serie televisiva The Family Dog, y los artistas japoneses Takashi Murakami y Keiichi Tanaami, entre otros. También está relacionado con el arte sacro de diferentes culturas, la iconografía hindú y el arte medieval, sobre todo El Bosco, que fue un gran maestro de la fusión de elementos y la creación de personajes extrañísimos. Siguiendo la misma línea, el pintor holandés Pieter Brueghel, otro gran maestro y referente. Siempre vuelvo a ellos cuando me siento falto de inspiración. Otras fuentes de inspiración son los indios Huicholes mexicanos tienen un uso del color increíble y el carnaval de Oruro en Bolivia. Me encanta la obra de Joan Miró y su forma de vida, que es muy inspiradora.

 

Chu y DOMA

Julián Pablo Manzelli es conocido en el ambiente del arte callejero como Chu. Hizo sus primeras armas con algunas pintadas durante su adolescencia promoviendo un fanzine ecologista skater que tenía con unos amigos. Estudió Diseño Gráfico en la Universidad de Buenos Aires, donde sigue ejerciendo como docente. Continúo su formación con algunos talleres de ilustración y fotografía. De manera más autodidacta, tomó clases de pintura y animación. En su técnica de trabajo utiliza spray y látex, a veces mezclados y otras no. Junto a Mariano Barbieri, Matías Vigliano y Orilo Blandini conforman el colectivo Doma, un grupo de artistas que ha hecho diversas performances utilizando muñecos gigantes de tela en la vía pública.

¿De dónde vienen tus Musas?

De la vida misma: mi familia, mi pareja, mis amigos, los viajes, la música, la información y la ciencia, entre otros temas que me inspiran.

¿Qué intentás lograr con tu obra?

Infectar con color y buen rollo las calles grises y sin expresión. Cuando hacemos cosas con DOMA, muchas veces trabajamos con conceptos más sociales que apelan a la reflexión a partir del absurdo, la parodia, la ironía y el humor.

¿Cuáles son las diferencias que encontrás entre street art, grafiti y arte de museo?

El street art tiene lugar en el afuera, es para todos y es gratis. El arte de museo transcurre en el adentro, es solo para interesados y por lo general, no es gratis. El arte callejero es efímero porque está expuesto a miles de factores externos. No está en una vitrina de cristal. El street art le debe mucho al grafiti, y aunque este último pueda representar una amenaza, así son las reglas del juego.

¿Cómo es el circuito comercial del street art?

Suena muy feo eso del “circuito comercial”. A veces se cobra por hacer murales, pero la mayoría de las veces que yo pinté no lo hice por dinero. Cuando cobro es para realizar mi arte y expresar una idea, y no para pintar un mural con un logo o idea de una agencia o marca. Igual, cada artista se maneja a su forma. Son diferentes criterios.

 

Los MPC (eMePeCe)

Son un grupo de artistas, de entre 23 y 30 años, que comenzaron a trabajar en la calle en mayo de 2006. Oveja es arquitecto, Rafa estudia Escenografía y Marto está cursando Diseño Gráfico. Los tres afirman que juntos conforman una batidora donde cada uno va aportando algo. Son capaces de pelearse por algún detalle de la Capilla Sixtina y ser influenciados por el artista neoyorquino Gordon Matta Clarck, la serie televisiva Robotech o por Pikachu, una de esas mascotas virtuales Pokémon. Afirman que primero está la pared. Si les llega la inspiración, esperan a que aparezca la pared donde esa idea pueda caber. Caminan la ciudad, observando, hasta que la encuentran.

¿Quiénes fueron los precursores del street art: grafiteros o muralistas?

Acá surge un tema: ¿qué se entiende por grafiti? La mayoría de la gente va a decir que el frente de una casa con una pintada en aerosol que diga “Viva Perón” es un grafiti. Los grafiteros que hacen letras van a decirte que ellos son los que hacen el verdadero grafiti y que lo nuestro no es grafiti, que es mural porque usamos brocha y látex. Pero los muralistas recibidos en alguna escuela de Bellas Artes van a decir que no, que el mural es otra cosa, y que nosotros ensuciamos las paredes haciendo dibujos grandes. Cada cual va a dar una respuesta distinta. Existe un libro (no recuerdo la autora) en el que se identifica al grafiti con cualquier pintada hecha en la calle. Habla de una tradición histórica y refiere al impulso que tomó en la época post dictadura militar. Entonces aparecieron las pintadas con frases ingeniosas o irónicas del estilo: “El Papa usa anticonceptivos por si la Santa Sede”. Luego, nombres de bandas escritos de una forma particular u otras cosas por el estilo. Creo recordar que a mediados de los años noventas empezaron a verse las primeras piezas de grafiti tipo escuela neoyorquina. Luego de la crisis de 2001, se produjo la explosión del stencil por todos lados.

¿Hay que conocer la idiosincrasia del pueblo para hacer street art?
Hace poco Marto estaba en Tailandia y sacó algunas fotos a grafitis de letras, y eran iguales que los de Argentina, salvo por los techitos orientales de fondo. En nuestro país, los grafiteros que hacen letras sienten la necesidad de firmar medio ilegibles, por eso eligen nombres en inglés o los escriben con fonética castellana pero refieren a algún término en inglés. Yo no conozco a ningún grafitero que firme como Pocho, Tito o El Rulo.

Ahora estoy en Bogotá trabajando y tengo ganas de salir a pintar, pero me siento medio perdido. No sabría que pared agarrar o cómo manejarme con la Policía. Es necesario que te trasmitan algunos códigos del lugar, algunos datos, para no estar tan perdido.

¿Cuál es el principal enemigo del arte callejero?

A nivel estético, filosófico y político, la publicidad sigue siendo la gran amenaza; comiéndose los espacios públicos de la ciudad sin que a nadie le moleste demasiado.

 

MPC en El Pirovano Pinta Bien (www.elpirovanopintabien.blogspot.com)

El proyecto del Hospital Pirovano busca que la gente se haga cargo de que la calle, las paredes y los edificios públicos pertenecen a los ciudadanos. Que hay que usarlos y mantenerlos, sin esperar nada del Estado. Siempre que se concretan estas acciones, hay alguna clase de fiesta pública alrededor de la pintada: tocan bandas, proyectamos una película o hacemos una choriceada. Se integran los artistas, los transeúntes, los vecinos… todos nos hacemos dueños de nuestro propio barrio. Eso que rodea a la obra forma parte del proceder mismo de su concepción y siempre está presente cada vez que pintamos. En el caso del Pirovano es muchísimo más fuerte y claro. No obstante esto, son muchos los vecinos a los que les parece una cagada, con lo cual ellos no llegan a ver nada de todo esto, no lo comparten, ni valoran.

 

Pum Pum

Jimena es diseñadora gráfica. A Jimena le gusta mucho dibujar. El dibujo ocupa todo su tiempo, el laboral y el de ocio. Jimena es Pum Pum, un integrante más de este batallón de artistas callejeros que impregnan en sus murales colores vivos e historias inventadas.

El tema de sus obras siempre gira en torno a un universo inventado, en donde el personaje principal es una niña −que se asemeja a una mini-pumpum− a la que la acompañan ciertos animales con diferentes personalidades. Para ella el arte callejero es simplemente hacer arte en la ciudad, compartir con otros lo que le gusta hacer. Relacionarse con lo urbano de otra manera, interviniendo la ciudad con diferentes técnicas que permitan contrarrestar el bombardeo de publicidades y mensajes políticos que la contaminan.

¿Qué diferencias existen entre el espacio “calle” y “galería” a la hora de montar una obra?

Son diferentes soportes y diferente dedicación a la obra terminada. Por su parte, el mural en la calle siempre está corriendo el riesgo de ser tapado dese el momento en que terminaste de pintarlo. Empezás a hacerlo sabiendo eso y precisamente por ello se genera una especie de desprendimiento de la obra de tu parte. Está hecho y fue lindo hacerlo, el proceso para mí es lo más importante. En cambio, en las galerías podés exponer algo que cierre un concepto en diferentes piezas, pensar un sistema, exhibir obras que puedan observarse con detenimiento y en detalle. En la calle es otra la escala que se maneja; en una sola pieza que generás en un momento específico y para ese entorno, debés expresar algo.

¿Te ves pintando murales en la calle toda tu vida?

Sospecho que habrá un tema físico que me limitará cuando sea mayor. Subirme a las escaleras, los andamios o pintar diez metros de pared con el rodillo. Mientras me dé el cuerpo las seguiré haciendo, como andar en bici. Ahora no puedo parar, pero en algún momento las piernas me empezarán a fallar. El soporte podrá ir variando o la escala de la obra, pero voy a seguir dibujando siempre.

Pol Corona

Nacido en el sur de Francia en 1987, Pablo Paul Pau comenzó a pintar a la edad de 13 años en la ciudad de Madrid bajo influencia de su hermano mayor que le hizo descubrir el arte del grafiti. El resto de la historia la escribió en forma autodidacta. Tiene una técnica mixta que combina el aerosol con el látex al agua y otros tipos de pinturas en general. Le gustan las obras de Jean-Michel Basquiat y Pablo Picasso.

¿Cuál es el mensaje de tu obra?

Tranquilidad, paz, felicidad, reflexión introspectiva y alegría. Sensaciones y sentimientos.

¿Considerás que tu obra es efímera?

Claro que sí, al igual que el paso de cada uno de nosotros por este mundo, ya que una vez terminada nuestra obra, nos vamos.  Al estar en un espacio público, puede ser escrachada o tapada. La trascendencia depende del artista, de su constancia en la calle y de las ganas que tenga de cuidar su propia obra. En lo personal, no busco que trascienda ni que perdure en la mente de las personas. Hay gente que se dedica a armar registros fotográficos o que transcienda la obra del artista, pero por lo general lo hacen en un espacio como internet, en una muestra o en una galería de arte.

¿El grafiti representa una amenaza para el muralismo?

Yo soy grafitero, vengo del grafiti, nací del grafiti. Pinté subtes, trenes, vidrios, locales; escraché miles de lugares públicos y privados. Que hoy mi obra haya tomado otro rumbo no significa que sienta una amenaza por parte del grafiti vandálico; de hecho lo admiro como una forma muy fuerte de expresión cultural. Está en cada uno cuidar lo que uno hace, yo lo cuido.

¿Dónde está el mejor grafiti del mundo?

En los sueños.

¿En qué se diferencia un mural callejero y un mural de David Alfaro Siqueiros u otro que se encuentre en un museo?

En que el callejero es de la gente, del pueblo, de todos y de nadie; va y viene, aparece y desaparece. Al de Siqueiros se lo cuida, se hace todo lo posible para que siga vivo, pero termina siendo de un circuito cultural no muy amplio. El callejero pertenece a todo el mundo.

 

Los custodios del street art

Desde 2008, los hermanos Lucas y Soledad Zambrano conforman un equipo dedicado a la curaduría de eventos y exposiciones de arte callejero. Lucas estudió realización audiovisual en el Centro de Investigación y Experimentación en Video y Cine (CIEVYC) y cursó un posgrado en Política de Gestión y Comunicación Cultural en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). En la actualidad, es productor y gestor del Salón Nacional de Artes Visuales. Por su parte, Soledad se encuentra finalizando su licenciatura en Gestión e Historia de las Artes en la Universidad de El Salvador.

 

¿Cómo definirían el street art?

El arte callejero es una corriente del muralismo que se caracteriza por la intervención y apropiación del espacio público, en ocasiones como forma de combate contra el bombardeo publicitario, y otras veces como un mero regalo de cara al transeúnte o a la ciudad misma. Deriva de diversas transformaciones de lo que fue el grafiti en la década del setenta, incorporando otras técnicas y formatos que se diferencian de aquel vandalismo tipográfico; conectándose con una representación gráfica a veces más figurativa y otras mucho más abstracta.

¿En qué consiste el trabajo de curaduría?

Como el arte callejero tiene un formato y un circuito no convencional, está continuamente forzando los límites y no tiene restricciones de ningún tipo. Por ello, resulta necesario saber plantear una curaduría, un concepto y diseño de montaje, sobre las bases de esa libertad casi total.

¿Cómo comenzaron con la curaduría del street art

Nuestra curaduría comenzó en 2008, cuando fuimos convocados por Subtes de Buenos Aires (SBASE) para realizar la intervención de cuatro murales para las estaciones de Puán y Carabobo, de la Línea A. Cada uno de ellos tenía 20 metros de largo por 6 de alto. Estas obras pasaron a formar parte permanente del patrimonio de la Ciudad de Buenos Aires y por lo tanto requerían de una curaduría que acarreara consigo, a lo largo del tiempo, una explicación de lo que significaba el movimiento en sí. Por eso, decidimos hacer una división por técnicas: un mural fue dedicado al grafiti tipográfico, llamado wild style, última sobreviviente del movimiento hip-hop. Otro mural fue dedicado al stencil, técnica que deriva del grabado y se asemeja a la serigrafía por el uso de la plantilla. En el tercero se pintó character art, que es una de las técnicas más nuevas dedicada al desarrollo de un mismo carácter o personaje. En el último, debimos cumplir con una normativa que estipula que cada estación debe rendirle homenaje a una figura histórica. Así, mediante un grafiti más plástico y abstracto, plasmamos la figura del poeta y militante argentino Francisco «Paco» Urondo. En total, entre artistas individuales y colectivos, participaron de la muestra cuarenta personas.

¿Cómo entran en contacto con los nuevos artistas callejeros?

En muchas ocasiones, a través de la internet. Como consecuencia de que el arte callejero es un movimiento de intervención del espacio público, su esencia radica en lo efímero del formato. Por ello, muchos artistas se apropian no solo del espacio público real sino también del virtual y postean sus trabajos en diversas redes sociales para evitar la “no permanencia”, poniendo a resguardo su pieza u obra de arte.

¿Cuál es el circuito de exposición de estas obras?

Me parece que en este momento el arte callejero juega en un doble circuito. Por un lado, su lugar de exposición natural sigue siendo la calle; pero por otro, se le han abierto las puertas de las galerías y los museos, que comienzan a darle cierto reconocimiento con la intención de que se intervenga ese otro espacio público que es la institución. Holywood in Cambodia es, desde octubre de 2006, la primer galería dedicada exclusivamente a difundir y apoyar el arte callejero en la Ciudad de Buenos Aires.

¿Cómo se comercializa este tipo de arte tan efímero?

Los cuadros se comercializan de la manera habitual y los murales por encargo, depende mucho de la trayectoria del artista, y del tamaño y dificultad de la obra. Los artistas callejeros europeos cotizan en alta en relación a los de América del Sur, donde todavía cuesta más que el circuito del arte digiera este movimiento.

Por lo general estos encargos se dan en un ámbito privado, a través de una empresa o de un particular. Esto conlleva una mínima conservación de la pieza y elimina el carácter efímero de la misma. Se establece el caso contrario de lo que se da en el ámbito de la calle, donde la obra es literalmente atacada por el smog de los autos, piezas superpuestas, rayones o sencillamente por la pintura blanca con la que el propietario de la pared tapa el “dibujito” si no es de su agrado.

¿Cuáles son los artistas emergentes de Argentina?

Jaz, Ever, Poeta, Roma, Mart, Pum Pum, Kid Gaucho (Larva + Parbo), Fase (Pedro Perelman, Tec, Defi), Doma (Chu), Triangulo Dorado, Nazza Stencil, Buenos Aires Stencil, Run Don’t Walk, Cabaio Stencil, Proyecto Fauna, Elian, Shonis, Nerf, Dano, Malatesta, Stenciland, Lumpen Bola, entre muchos otros que podríamos nombrar.

En este momento el arte callejero argentino está disparando y expandiéndose al exterior, cada vez son más los artistas que son invitados a participar de muestras internacionales.

 

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